IMO Instituto de Microcirugía Ocular

“Somos nuestra versión 2.0”

Pacientes de IMO aseguran sentirse “los mismos, pero mejorados”, tras someterse a tratamientos de estética, con toxina botulínica y sustancias de relleno

Los motivos que pueden hacernos plantear un tratamiento estético son múltiples: Silvia, madre de una niña pequeña, notaba que sus ojeras aumentaban debido a la falta de sueño; Beatriz llevaba tiempo pensando en dar un poco de grosor a sus labios; Juan quería suavizar su expresión disimulando unos surcos muy marcados y Rosa buscaba acabar con las arrugas del entrecejo cada vez que fruncía el ceño y con las “patas de gallo” al sonreír.

Son pequeños detalles en los que nos fijamos cuando nos miramos en el espejo y que nos gustaría mejorar para sentirnos más a gusto y satisfechos con nuestro aspecto. Ese deseo de vernos mejor es el que convierte a cualquier persona en un paciente potencial de una consulta de estética.

El deseo de verse mejor

Sin embargo, es habitual sentir ciertos reparos cuando uno se plantea dar ese paso. Como explica Beatriz, “el principal miedo es no saber cómo vas a quedar, ya que conoces el antes pero no el después”; una duda que también compartía Silvia: “Me preocupaba dejar de ser yo misma, no reconocerme”.

Ambas destacan la imagen negativa que a veces tienen los tratamientos estéticos debido a las llamativas y repentinas transformaciones de algunas celebrities o estrellas de la televisión.

Sin embargo, coinciden en que su experiencia en IMO les ha servido para desmontar ese falso mito. “Es un error pensar que el resultado tiene que ser un cambio exagerado. Todo lo contrario, el secreto está en hacerse pequeños retoques, siempre lo más naturales posibles”, comenta Beatriz.

De ahí la importancia de ponerse en manos expertas que sepan dar respuesta a nuestras expectativas. Juan lo tenía claro: “Yo quería algo muy sutil, que fuera muy discreto, y por eso recurrí a un equipo en el que tenía plena confianza”. Este es un valor clave según nuestros pacientes, que se traduce no solo en la aplicación segura de los tratamientos sino también en una buena asesoría.

Consejo personalizado

Para Rosa, “el principal valor añadido de los especialistas de IMO es su conocimiento y experiencia, lo que les permite saber exactamente qué te hace falta y aconsejarte con criterio. En mi caso, además de quitarme las arrugas de expresión con toxina botulínica, me recomendaron relleno de pómulos y de labios y una rinomodelación con ácido hialurónico. Esto último me sorprendió especialmente, ya que nunca había imaginado que pudiera mejorar el puente de la nariz sin necesidad de cirugía”.

Uno mismo es el primero que lo nota

“Me siento rejuvenecida y mi rostro se ve más fresco y descansado”, afirma Silvia.

A Rosa, incluso, le preguntan si se ha tomado unos días de vacaciones en el trabajo porque, como ella misma asegura, “no saben qué te has hecho, te ven mejor pero no distinta”.

Para Beatriz, lo más importante es que “uno mismo es el primero que lo nota”, así que, como dice Juan, vale la pena “dejar atrás los complejos y atreverse a dar un paso adelante; eso sí, siempre con profesionales que nos ofrezcan todas las garantías”.

Experiencia para repetir

Gracias a ello, la experiencia de los pacientes del Departamento de Estética y Rejuvenecimiento Oculofacial de IMO es muy positiva y, teniendo en cuenta que los efectos de la toxina botulínica y del ácido hialurónico no son permanentes, se muestran convencidos de volver a repetir el tratamiento cuando los resultados dejen de ser visibles para conservar la ganancia experimentada. “Somos nuestra versión 2.0, es decir, seguimos siendo los mismos, pero mejorados”, concluye Rosa.

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